Sin tierra ni flores

Delirantemente feliz. La borracha lucidez de encajar. Gustar, mejor dicho. Un rompecabezas que sin nosotros no sería el mismo. No importa qué ni quienes somos. Un momento cálido que se debe dar cada mucho tiempo. O un golpe de suerte; el reflejo que nos da una chance más en la vida. Ese alguien que pone su mano en tu pecho para que no cruces. Las circunstancias se barajaron bien en el mazo. Contagiados de pasión nos comimos la cancha, y lo que pasó quedará en nuestros hoyuelos. Mientras menos, más. Sin embargo, puedo decir que a mi tormenta se la tragó el mar y espero que nunca la escupa. Gracias, noche del 04 y madrugada del 05.

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