La envidia como un mal artista: ¿Ideas que se vuelven realidad?

Hay ciertas cosas en las que no creo. Soy una persona básica, siento lo tangible, y en general no creo en energías espirituales, almas o en las populares «vibras». No lo descarto, pero hasta que no me pase a mí, no lo voy a creer. Durante mis diecinueve años tuve problemas de autoestima, cosa que nadie pensaba que podría llegar a pasarme. En mi adolescencia me destaqué en la escuela, tanto en calificaciones como en el ámbito social. Lo dije, soy básico, aunque también perfeccionista. Visto desde afuera, estoy bien porque no exteriorizo mis problemas, y si lo ven desde mis pensamientos, ellos no cuadran con la realidad. Me encantaría descifrar si la envidia de otro puede repercutir en mí, o solo lastima a aquella persona que la sufre. ¿Se tragarán ese sentimiento o me lo enviarán? Carece de sentido que un pensamiento tenga tanta fuerza. Según mi madre, siempre estuve rodeado de personas que me envidiaban, y hoy me doy cuenta que fue así. Cuando logré librarme de esta persona, apareció otra que también lo hace. Hay ser retorcido, la pucha.

Esto es un descargo, ideas que transitan por mis neuronas y terminan en el teclado. Una persona lo puede tener todo, y de la que estoy hablando, es así. Es alto, extrovertido, el centro de atención, tiene relaciones, amigos, dinero, estudia lo que quiere sin necesidad de trabajar, le dan todos los gustos y lo que ello conlleva. Es eso, lo tiene todo y no puede saciarse con más, y quiere lo que yo tengo. Nunca le dijeron que no y lo mío es mío, no se pueden comprar los rasgos físicos ni la creatividad. Cuidado, se camuflan entre la multitud, se acercan y tal vez no con malas intenciones, pero estén atentos y aléjense si cambian repentinamente.

Él, a poco de conocernos, me confesó que antes me odiaba porque creía que yo «quería estar con una chica que a él le gustaba». Sí, ¿QUÉ? Cabe aclarar que yo hacía grupo de trabajo con esta chica y otra más, pero sólo me reunía con ella en la facultad y nunca existió tal interés. No únicamente a él le disgustaba, sino a todo su grupo de amigos, donde él era la abeja reina. No me conocían, no habían hablado conmigo y me detestaban. Después comencé a atar cabos, y me di cuenta que ciertas situaciones eran por ese pensamiento.

Finalmente nos volvimos amigos, y todo se tornó raro. Repetidas veces decía lo lindo que yo era, lo inteligente y distintos halagos que me incomodaban, como si se tratara de una abuela enceguecida con su nieto. Las palabras de mi vieja se volvieron más fuertes y hoy no sé que hacer. Por si acaso, sé que no es gay, así que descarten esa hipótesis. Algo similar me sucedió con otro compañero de la facultad, que en vez de halagarme me marcaba cada día cómo iba vestido, luego me piropeaba, ejercía mucho contacto innecesario conmigo, hasta que le paré el carro y lo ridiculicé porque me molestaba que cada mañana me diga si me veía bien o no con lo que llevaba puesto. Siendo que él no era ningún Brad Pitt, y aún así lo fuera, no es nadie para opinar de mí. Estoy abierto a propuestas: ¿Qué hago con alguien me envidia? ¿Me alejo, o no le doy importancia?

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