Traga lo que escupe

Un halago inesperado me emociona y abraza mi autoestima. El espejo, a veces, me lo arrebata como quien le roba a los viejos. Un descaro, sí. Dominante es la falta de confianza, pero también va a ser destituida algún día. Me visto para mí, nunca para vos. Hace un tiempo buscaba el pulgar de alguien con dos dedos índices, hoy miro los míos y son más que suficiente. Son perros que todo lo ven gris, envidian al gato, y quieren lo que uno tiene.

Espero la palabra del mal hablado y la cultura del iletrado. Ni la madre, después de escuchar las probabilidades de su hijo, hubiese pensado que algún día volvería a verlo sonreír. Y acá está, escribiendo para recordar los días en los que fue feliz. Por cierto, cuidado con aquellos que buscan multitudes.

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